Mundial 2026

Retírese, señor Gaviria

Recientemente cayó en mis manos un interesante libro sobre la vida de colombianos en cárceles norteamericanas. Su título: Niebla en la yarda, y está escrito por la period
Recientemente cayó en mis manos un interesante libro sobre la vida de colombianos en cárceles norteamericanas. Su título: Niebla en la yarda, y está escrito por la periodista Estefanía Carvajal. Uno de los testimonios de los que se ocupa es el de un conocido empresario risaraldense que estuvo preso en California por tráfico de cocaína y que fue condenado a una veintena de años de cárcel. Varios amigos y familiares del condenado escribieron a la juez que se ocupó del caso pidiendo clemencia; un gesto de ingenuidad y candor dignos de mejor causa. Y de entre los mediadores, quiero reproducir el texto del entonces Presidente de la Cámara de Representantes de Colombia, que dice así: “Me permito certificar que desde hace más de veinte años conozco a la familia de (aquí viene el nombre del preso), que es una de las familias más conocidas y prestantes de la ciudad y en su totalidad son personas de la más alta calidad moral y algunos de ellos han desempeñado importantes posiciones a nivel público y privado”. Luego, el ilustre parlamentario dice que conoce personalmente al reo y añade que es un señor que “por muchos años ha ejercido diversas tareas, especialmente en el campo de la publicidad, y lleva una vida honrada de buen trabajar y merecedora del respeto de todos los ciudadanos de la ciudad (sic) de Pereira, de la que comúnmente somos oriundos. Firma, César Augusto Gaviria Trujillo. Hay que ser muy crédulo para pensar que una juez de un tribunal californiano, que a duras penas sabe dónde está Colombia, va a atender a semejantes razones para dejar en libertad a quien han pillado con diez kilos de cocaína en Estados Unidos. Pero es que César Augusto es así, lo suyo es ser muñidor desde jovencito. Para evitarles acudir al diccionario les facilito la definición de ese término poco corriente en Colombia: “Muñidor, persona que gestiona activamente para concretar tratos o fraguar intrigas, o con cualquier otro fin semejante”. La palabra tiene otro significado: “Criado de cofradía, que sirve para avisar a los hermanos las fiestas, entierros y otros ejercicios a que deben concurrir”. Puesto que César Augusto se ha empeñado en enterrar políticamente a Humberto de la Calle, de él podríamos decir con propiedad que le vienen al pelo las dos acepciones de la palabra en cuestión. Humberto de la Calle es de todos los candidatos que acuden a la contienda política por la presidencia de Colombia, el que tiene mayor talla de estadista, uno de los que más limpia hoja de vida presenta de los que aspiran al cargo y el que, si imperase la lógica en este tipo de torneos en Colombia, debería estar en los primeros lugares de las encuestas. Pero gracias a la gestión que hace del partido Liberal César Augusto y del manejo de la campaña de su candidato, De la Calle aparece hoy en las encuestas en un lugar apenas testimonial con algo más de un 3 por ciento de intención de voto. Y es que César Augusto, el señor que gestionó de manera desastrosa la cárcel Catedral, reclusión privilegiada de Pablo Escobar; el que convocó una Constituyente permeada por dinero del narcotráfico y cuyo resultado son unas instituciones ineficientes cuando no corruptas en un país que hoy demanda a gritos una reforma política, el manzanillo hasta ayer amigo de Juan Manuel Santos y ahora convenientemente opositor, pretende manejar una campaña electoral en los paréntesis dentro de Colombia que le permiten sus viajes al exterior. Todo a mayor gloria no de su partido ni del candidato de los liberales que es De la Calle, sino de su niño, el primer niño de la nación, al que conocemos desde que jugaba travieso por los pasillos de palacio. ¡Ah!, no hay nada mejor que dejarle delfines a la patria. Dicen los que saben de estas cosas que lo que quiere César Augusto es el Ministerio de Hacienda para su niño y posicionarlo así como candidato presidencial para el cuatrenio 2020-2024. César Augusto le dio la puntilla al candidato liberal el domingo pasado cuando dijo en una entrevista que si De la Calle no pasaba a segunda vuelta “nos tocará decidir entre los candidatos que quedan qué hacemos”. Cuando lo que toca decir en estos casos es: “pasaremos a la segunda vuelta” (aunque no te lo creas). Pero no, a César Augusto le da igual. A él lo que le interesa es ver a quién endosale en segunda vuelta el millón de voticos que conseguirá con la maquinaria del partido, para colocar luego a su niño. Sé que es una petición inútil pero retírese, señor Gaviria. Deje en paz a esta sociedad, no incordie más. Por qué será que los expresidentes colombianos tienen que seguir importunando al país hasta exhalan el último aliento.
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