Habría podido ser peor

Carlos Salas reflexiona sobre el terremoto que golpeó a Colombia, la respuesta del recién posesionado Gobierno y el desafío de atender la emergencia sin aplazar las decisiones urgentes que necesita el país.
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No es consuelo para las víctimas que vengan a decirles que habría podido ser peor. Pero lo cierto es que habría podido ser una catástrofe mayor. Me refiero no solamente al sismo como tal, que por sus características pudo haber sido supremamente más destructivo de lo que fue, sino también a la condición del país en el momento de la tragedia.

No quisiera imaginar qué habría ocurrido si hubiese sucedido una semana antes, pero me es inevitable hacerlo. Referirme ahora al nefasto gobierno que dejó al país en la ruina resulta desagradable, pero inevitable. Piensen por un momento cómo aquel mequetrefe habría podido sacar ventaja de una situación semejante.

Estaba en Mesitas del Colegio cuando se produjo un temblor y escuché a un vagabundo gritar:

—¡Eso es lo que necesitamos: un terremoto!

Eso mismo podría ponerlo en boca del desquiciado que ahora intenta salir del país por un año. Por mí, que se fuera para toda la vida. Pero razón tiene Pastrana al solicitar que no se le permita salir sin antes responder ante una justicia que tendrá que hacerlo pagar por sus crímenes.

Con un terremoto, Petro habría encontrado la excusa perfecta para mantenerse en el poder. No digo más sobre ese repugnante asunto que voluntariamente he puesto en colación.

Es de dar gracias al cielo que hoy contemos con personas llenas de virtudes para afrontar, apenas ocupando sus cargos en el gobierno del Tigre, una tragedia de esta magnitud. No defraudarán al pueblo colombiano. Ya son ejemplo en el mundo cuando se compara su manera de asumir el desastre —responsable, solidaria, caritativa y profesional— con la forma irresponsable y tremendamente negligente como lo hizo el gobierno venezolano.

Por otra parte, la prueba de fuego para el recién posesionado presidente y su equipo se presenta de manera inesperada. Cuando apenas comenzábamos a preguntarnos cómo enfrentaría los acuciantes problemas de seguridad, salud, déficit fiscal, corrupción, justicia, asuntos laborales y tantos otros, le corresponde ahora, de manera inmediata, hacer frente a la reconstrucción y llevar alivio a las víctimas.

Seguramente coincidirán conmigo en que lo está haciendo de la mejor manera. Pero este esfuerzo no puede convertirse en un pretexto para aplazar decisiones inaplazables y mucho menos para justificar un eventual fracaso con el argumento de que todo se debió al terremoto.

Sin traicionar mi solidaridad con las víctimas y con todos los afectados por el desastre natural, me atrevería a decir que vendrán tiempos mejores. El optimismo que nos inspiró la posesión de Abelardo de la Espriella el pasado 7 de agosto debemos seguir regándolo con la fe en una administración de muy alto nivel, capaz de enfrentar este desastre natural y, al mismo tiempo, de comenzar a reparar el desastre causado por cuatro años del peor gobierno de nuestra historia.

A veces las oportunidades se presentan incluso en las peores circunstancias. A los valientes se les conoce cuando enfrentan las adversidades. Y esta es una de esas ocasiones en las que un país puede demostrar de qué está hecho.

Saldremos adelante. Reconstruiremos lo perdido. Y construiremos, bajo cualquier condición, esa Patria milagro que tantas veces hemos soñado.

Somos sobrevivientes. Y, como tales, tenemos un compromiso sagrado. 

Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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