La Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova fue escenario este miércoles del reconocimiento oficial de la nueva cúpula de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, en una ceremonia encabezada por el presidente Abelardo De La Espriella, en su condición de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.
El acto comenzó con los tradicionales honores militares, la formación a caballo y la interpretación de los himnos. Posteriormente fueron leídos los decretos que oficializaron los nuevos nombramientos y reconocimientos dentro de la estructura de mando.
Entre los principales nombramientos está el del mayor general Erick Rodríguez Aparicio como comandante general de las Fuerzas Militares y el del mayor general Carlos Enrique Carrasquilla Gómez como jefe de Estado Mayor Conjunto. En el Ejército asumió el mayor general José Bertulfo Soto Sánchez; en la Armada, el vicealmirante Javier Alfonso Jaimes Pinilla; mientras que la Policía Nacional quedó bajo el mando del general Jesús Alejandro Barrera.
Un minuto de silencio antes del discurso
Antes de dirigirse a los nuevos comandantes, el presidente pidió un minuto de silencio en memoria de las personas fallecidas en el terremoto que recientemente afectó al país.
Después de este homenaje, Abelardo De La Espriella dejó claro que, para su Gobierno, la ceremonia no representaba únicamente un cambio de nombres en la estructura militar.
Seguridad y control territorial, las prioridades
Durante su intervención, el presidente aseguró que la primera obligación de un gobernante es proteger a la población y sostuvo que sin seguridad no puede existir libertad ni tranquilidad.
En esa línea, ordenó a los nuevos comandantes garantizar presencia permanente de la Fuerza Pública en todo el territorio, incluidos campos, carreteras, ríos, pueblos y barrios.
El mandatario también afirmó que durante su Gobierno no habrá espacio para presentar a las organizaciones armadas ilegales como expresiones románticas de inconformidad. Por el contrario, dijo que serán identificadas como organizaciones terroristas cuando recurran a la violencia y a actividades como el narcotráfico, la extorsión, la minería ilegal, el contrabando o el robo de combustibles.
El fin de los diálogos con grupos armados
Uno de los anuncios más contundentes estuvo relacionado con las negociaciones con organizaciones armadas.
Abelardo De La Espriella afirmó que la política de la denominada “paz total” terminó y aseguró que ningún funcionario de su Gobierno está autorizado para establecer comunicaciones con grupos terroristas.
El presidente sostuvo que quienes quieran abandonar la criminalidad podrán hacerlo, pero advirtió que quienes continúen en actividades ilegales deberán enfrentar la acción de la Fuerza Pública y de la justicia.
La posición representa un giro frente a las estrategias de negociación implementadas durante el Gobierno anterior y se suma a otras decisiones adoptadas por la actual administración, entre ellas la designación de la nueva cúpula militar y el fortalecimiento de las operaciones contra organizaciones criminales.
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Las cifras que presentó el presidente
Abelardo De La Espriella aseguró que han sido neutralizados 21 cabecillas, capturadas más de 530 personas, incautadas 13 toneladas de cocaína y destruidos 83 puntos relacionados con la producción de estupefacientes.
El presidente también habló de la lucha contra las estructuras financieras de las organizaciones criminales y pidió concentrar esfuerzos en sus fuentes de financiación para debilitar sus capacidades operativas.
Mano dura contra el crimen desde las cárceles
Otro de los capítulos centrales de su intervención estuvo relacionado con el sistema penitenciario.
El mandatario cuestionó que las cárceles puedan convertirse en centros desde los cuales los grupos criminales continúen extorsionando, amenazando o coordinando actividades ilegales.
Por ello, reiteró su compromiso de construir megacárceles para los delincuentes considerados de mayor peligrosidad y anunció un mayor control sobre los centros penitenciarios.
Esta política se suma a otras medidas que ya ha impulsado su administración para aislar a los principales cabecillas y limitar su capacidad de comunicación con las estructuras criminales que operan fuera de las cárceles.
“Un aliado de todas las horas” para la Fuerza Pública
En otro de los apartados de su discurso, el presidente aseguró que acompañará personalmente a los integrantes de la Fuerza Pública y que defenderá a los uniformados frente a lo que calificó como persecuciones o procesos injustificados.
Sin embargo, también les exigió disciplina, honor, respeto por la ley y resultados.
El mensaje fue directo a los nuevos comandantes: la Fuerza Pública deberá actuar de manera coordinada, sin divisiones internas y bajo una misma bandera, con el objetivo de recuperar la presencia efectiva del Estado en las regiones donde persisten amenazas criminales.
“La seguridad regresará”, prometió el presidente
Al cierre de su intervención, Abelardo De La Espriella insistió en que Colombia no puede arrodillarse ante las organizaciones criminales y aseguró que el Estado deberá perseguir sus estructuras, finanzas y redes de apoyo hasta llevar a sus integrantes ante la justicia o neutralizarlos dentro del marco legal.
El presidente afirmó que su objetivo es que los campesinos puedan trabajar sin temor a la extorsión y que los habitantes de los pueblos y barrios recuperen la posibilidad de caminar por sus territorios con tranquilidad.
La jornada concluyó con la visita del presidente a las tropas y el desfile de honor de la cúpula saliente, acompañada por sus familias, mientras los nuevos comandantes asumieron formalmente la responsabilidad de conducir las Fuerzas Militares y la Policía durante esta nueva etapa del Gobierno.
