El fútbol tiene vueltas inexplicables, de esas que parecen escritas por un guionista que disfruta de la ironía. Hace apenas unos meses, bajo el cielo de la Conmebol Sudamericana, James Aguirre era el verdugo de Millonarios. Con los guantes puestos y defendiendo el arco de Once Caldas, se plantaba como un muro que dejaba al cuadro 'Embajador' con las manos vacías en la fase preliminar. Hoy, el destino cambia las cartas: ese mismo arquero santandereano que un día fue rival, aterriza en Bogotá para convertirse en el nuevo guardián del arco albiazul.
A sus 34 años, la carrera de Aguirre no es la de un improvisado. Es la historia de un obrero del fútbol que se formó bajo el calor de su amado Atlético Bucaramanga y que luego se ganó el respeto de Manizales a punta de reflejos felinos y una personalidad de hierro. Quienes lo han visto bajo los tres palos saben que su valor no está solo en la estirada espectacular; está en el orden de la defensa, en la seguridad para cortar un centro agónico en el minuto 90 y en esa voz de mando que tanta falta hace cuando las papas queman.
Un arquero con todas las de la ley
Ese liderazgo y madurez no son casualidad. Fuera de las canchas, James es un hombre de leyes: se graduó como Abogado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Esa rigurosidad jurídica, según él mismo ha confesado, le dio un complemento perfecto para entender el juego, mantener la cabeza fría y ordenar el plantel.
Una mente analítica que se formó viendo a los mejores; no en vano creció teniendo como grandes referentes del arco a leyendas de la talla de Óscar Córdoba y a la seguridad de Milton Patiño, de quienes absorbió la templanza para encarar los momentos de máxima presión.
Su llegada al proyecto de Fabián Bustos responde a una necesidad clara. Tras un semestre de transiciones, donde los objetivos grandes se escaparon entre los dedos y se despidió a Diego Novoa, el cuerpo técnico azul entendió que el arco de Millonarios no se le puede entregar a cualquiera. Requiere espaldas anchas, jerarquía y la madurez necesaria para aguantar la presión de una de las hinchadas más exigentes del país. Aguirre llega a préstamo por un año con opción de compra, sabiendo que el reto es mayúsculo.
Es cierto que en el último tramo en el Once Caldas la titularidad se le escapó de las manos ante Joan Felipe Parra —quien curiosamente sonaba primero para vestirse de azul—. Pero el fútbol también es de revanchas inmediatas. James Aguirre llega a la capital con la motivación de quien sabe que tiene una oportunidad de oro para demostrar que su vigencia está intacta.
El arco más grande del país ya tiene un nuevo inquilino. Un abogado del área, formado con los consejos invisibles de Córdoba y Patiño, y con la experiencia de mil batallas en el FPC. James Aguirre ya se calza los guantes embajadores; ahora le toca a él dictar sentencia en las páginas doradas de Millonarios.
