Por Adriana Bernal - Kién es Kién
A Tatiana Barreto muchos la conocen como La Rola en Madrid. La ven sonreír, hacer humor sobre la vida de los colombianos en España y defender con orgullo su acento y sus raíces. Pero detrás de ese personaje hay una historia marcada por el trabajo desde niña, la migración, las pérdidas y la necesidad permanente de volver a empezar.
Creció en Bogotá, en una familia de cuatro hijos y con raíces campesinas de Boyacá y Santander. Hubo años difíciles, pero también una familia muy unida. Desde pequeña aprendió que las cosas había que buscarlas: vendía dulces y gaseosas y entendió muy temprano el valor del trabajo.
En el colegio apareció una persona determinante. Una profesora de castellano descubrió su facilidad para escribir y le dijo a su mamá que Tatiana podía ser periodista. El tiempo terminó dándole la razón.
Estudió Comunicación Social y Periodismo en el Politécnico Grancolombiano mientras trabajaba para cubrir parte de sus gastos. Vendió dulces en la universidad, fue promotora y llegó a suspender temporalmente sus estudios para poder ahorrar. Después apareció una oportunidad en RCN Televisión como analista de libretos y más adelante hizo sus prácticas en RCN Internacional, donde comenzó a descubrir el mundo de las redes sociales.
Parecía que su camino profesional comenzaba a tomar forma. Pero la vida tenía otros planes.
Empezar de cero
Tatiana conoció a Héctor, un español que vivía en Colombia. Se enamoraron rápido: a los seis meses estaban comprometidos y a los nueve se casaron. Construyeron su hogar poco a poco, con regalos de familiares y amigos y sin grandes lujos.
Años después, una enfermedad en la familia de Héctor los llevó a España. Tatiana creyó que sería algo temporal. Dejó Colombia pensando que regresaría pronto y, apenas una semana después de irse, se enteró de que había sido reconocida como la mejor visitadora médica del país, un logro por el que había trabajado intensamente y que ni siquiera pudo disfrutar.
Llegó a Vigo, Galicia, y descubrió que visitar un país y migrar a él son dos experiencias completamente distintas.
Pasó de tener trabajo, carro, familia y una vida construida en Colombia a empezar prácticamente desde cero. Vendió telefonía, enciclopedias y periódicos. Fue mesera. Trabajó incluso sin recibir pago y acumuló rechazos laborales.
Durante mucho tiempo llegó a pensar que en España simplemente no servía.
La soledad y la ansiedad comenzaron a pesar. Después de tres años entendió que tampoco tenía que permanecer para siempre en un lugar donde no era feliz y decidió mudarse a Madrid.
Allí empezaron a aparecer nuevas oportunidades.
Y entonces llegó 2020.
La pérdida que lo cambió todo
Su papá enfermó de COVID en Colombia mientras ella estaba en España.
Tatiana hablaba con él constantemente y, cuando comprendió la gravedad de la situación, ya estaba intubado. Intentó viajar, buscó vuelos de repatriación, pero las fronteras estaban cerradas.
No pudo regresar.
Su papá murió sin que ella pudiera despedirse.
El duelo la golpeó profundamente. Pasó semanas prácticamente sin levantarse de la cama, llorando y tratando de entender cómo seguir adelante. Hasta que una noche soñó con su padre diciéndole que tenía que levantarse.
Y se levantó.
Pero el dolor no había terminado.
Poco después, el hermano mellizo de Héctor enfermó gravemente y murió en enero de 2021. En muy poco tiempo, los dos habían perdido a personas fundamentales en sus vidas. El matrimonio también tuvo que aprender a sobrevivir a esos duelos.
Años después, Tatiana describiría su relación con Héctor con una frase sencilla: los dos tenían heridas y habían aprendido juntos a ponerse “curitas de amor”.
De la tristeza nació La Rola en Madrid
En medio de ese proceso, Tatiana comenzó a hacer contenido.
No lo hizo pensando en convertirse en influencer. Estaba atravesando una etapa muy difícil y necesitaba encontrar nuevamente un propósito.
Después de invertir sus ahorros en estudiar marketing digital, abrió TikTok y decidió contar su experiencia como migrante. Pero lo hizo a su manera: con humor, riéndose incluso de los momentos difíciles y de los choques culturales que había vivido.
La respuesta fue inesperada.
Sus videos comenzaron a alcanzar cientos de miles y después millones de reproducciones. La comunidad creció hasta superar el medio millón de seguidores. Pero para Tatiana lo verdaderamente importante no fueron las cifras.
Fueron las personas.
Descubrió que detrás de la pantalla había migrantes que habían vivido la misma soledad, los mismos miedos y esa sensación de tener que reconstruir la vida lejos de casa.
Así nació La Rola en Madrid.
Y con ella apareció también una certeza: para encontrar su lugar en España no tenía que dejar de parecer colombiana.
Todo lo contrario.
Una comunidad lejos de casa
Después vino el emprendimiento y posteriormente Enrolarte, un proyecto que nació de una pregunta muy personal: ¿qué habría ocurrido si cuando ella llegó a España hubiera encontrado una comunidad de latinos que la hiciera sentir acompañada?
Tatiana decidió crearla para otros.
Enrolarte reúne a latinos, en buena parte colombianos, alrededor de encuentros, formación, emprendimiento y apoyo mutuo. Allí se conectan negocios, se crean amistades y, cuando alguien atraviesa una dificultad, la comunidad intenta responder.
La filosofía es sencilla: latino apoya latino.
En sus primeras ediciones, Enrolarte ha reunido a cientos de personas en España. Pero detrás de las cifras hay algo mucho más importante: Tatiana terminó construyendo para otros exactamente aquello que ella necesitó cuando llegó.
Una segunda familia. Un lugar seguro. Un pedacito de casa lejos de casa.
“Migrar me enseñó a amar a Colombia el triple”
Si algo atraviesa toda la historia de Tatiana Barreto es Colombia.
Los años en Europa no borraron sus raíces. Las hicieron más fuertes.
Ella está convencida de que los migrantes no deberían cambiar su manera de hablar ni renunciar a su identidad para intentar encajar. Su experiencia le enseñó justamente lo contrario: aquello que la hacía diferente terminó convirtiéndose en su mayor fortaleza.
Por eso, cuando en Kien es Kien apareció la palabra Colombia, su respuesta salió inmediatamente:
“Mi Colombia, mi amor platónico. Lo amo Colombia con toda mi vida (…) migrar me enseñó a amarlo el triple”.
Su trabajo también ha recibido reconocimientos en España. Pero su historia se entiende mucho mejor desde las cicatrices que desde los premios.
Tatiana reconoce que algunas heridas siguen ahí. También sabe que fueron precisamente esas experiencias las que le permitieron comprender a otros migrantes y construir una comunidad capaz de convertirse en ese abrazo que ella no tuvo al llegar.
Porque detrás de La Rola en Madrid está Tatiana Barreto: la niña que vendía dulces, la periodista que trabajó para estudiar, la migrante que tuvo que comenzar de cero, la hija que no pudo despedirse de su padre y la mujer que transformó sus propias heridas en una manera de acompañar a los demás.
Y quizás ahí esté la verdadera dimensión de su historia: tuvo que irse muy lejos para descubrir cuánto amaba el lugar del que venía.
