Antes, cuando teníamos una duda sobre nuestra salud, probablemente se la preguntábamos a un médico. Hoy muchas veces se la preguntamos primero a Google, TikTok, Instagram o incluso a un influenciador.
Y eso ha cambiado por completo la manera en que consumimos información médica.
Nunca habíamos tenido tanto conocimiento disponible al alcance de la mano. Podemos leer sobre una enfermedad, escuchar a pacientes que viven con ella, consultar publicaciones científicas y acceder a médicos de diferentes partes del mundo en cuestión de segundos. Eso es buenísimo desde un punto de vista.
El problema es que la misma herramienta que democratizó el conocimiento también democratizó la desinformación.
La desinformación médica en las redes sociales
Hoy cualquiera puede hablar de medicina frente a una cámara. Nutrición, hormonas, vacunas, cáncer, fertilidad, salud mental, medicamentos o suplementos se explican en videos de 30 segundos, muchas veces por personas sin formación médica o científica. Y mientras más contundente sea el mensaje, mejor parece funcionar.
“Esto te está inflamando”.
“Tu médico nunca te lo va a decir”.
“Este alimento causa cáncer”.
“Estas son las cinco señales de que tienes cortisol alto”.
El problema es que la medicina rara vez funciona así. La experiencia personal no es evidencia real, y uno de los fenómenos más poderosos de las redes sociales es el testimonio: “Yo dejé de comer esto y me curé”. “Tomé este suplemento y desaparecieron mis síntomas”. “Los médicos no encontraron nada, pero hice esto y finalmente mejoré”.
Estas historias son poderosas porque son cercanas, humanas y fáciles de entender. Un estudio científico con miles de pacientes difícilmente genera la misma conexión emocional que una persona mirando a la cámara contando cómo cambió su vida.
Y esa experiencia puede ser completamente verdadera. El problema aparece cuando asumimos que porque algo ocurrió después de una intervención necesariamente ocurrió gracias a ella, y todavía más cuando extrapolamos la experiencia de una persona a millones de personas.
La importancia de la medicina basada en evidencia
Precisamente por eso existe la investigación clínica. La medicina basada en evidencia intenta separar lo que creemos que funciona de lo que realmente funciona, comparar tratamientos, identificar efectos adversos y determinar para quién puede ser beneficiosa una intervención y para quién puede ser perjudicial.
El algoritmo no sabe medicina
Las redes sociales tampoco fueron diseñadas para encontrar la información médica más precisa. Fueron diseñadas para mantener nuestra atención. Por eso es que un mensaje equilibrado como “la evidencia disponible sugiere un posible beneficio, aunque todavía existen limitaciones y necesitamos más estudios” difícilmente compite con un video que dice: “esto es lo que la industria farmacéutica no quiere que sepas”. La certeza vende mejor que la incertidumbre.
Partiendo de ese concepto, la ciencia juega con cierta desventaja. Un buen profesional debe reconocer cuándo no sabe algo, explicar riesgos y beneficios y, en ocasiones, cambiar su posición cuando aparece nueva evidencia. Para quien busca respuestas rápidas, esto puede parecer menos convincente que alguien que habla con absoluta seguridad. Pero en medicina, hablar con seguridad no necesariamente significa tener la razón.
Cuando detrás del consejo médico existe un producto
El problema se vuelve todavía mayor cuando detrás del consejo existe un producto. Suplementos, pruebas diagnósticas, dietas, programas hormonales y tratamientos pueden promocionarse mezclando testimonios personales, información científica seleccionada y publicidad de una manera en la que resulta difícil saber dónde termina la recomendación y dónde comienza el negocio.
Un estudio publicado en JAMA Network Open analizó publicaciones en redes sociales sobre cinco pruebas médicas populares y encontró que la mayoría eran engañosas o no mencionaban adecuadamente riesgos importantes como el sobrediagnóstico y el sobretratamiento.
Pero los médicos tampoco somos inmunes
Sería un error convertir esta discusión simplemente en médicos contra influenciadores. Tener un título tampoco garantiza que todo lo que una persona publique esté respaldado por evidencia. También existen profesionales de la salud que exageran resultados, promocionan tratamientos sin suficiente respaldo científico o utilizan su título para dar credibilidad a afirmaciones que van más allá de la evidencia disponible.
Es muy importante quién da la información, pero no es lo único importante, también juega un papel la pregunta: “¿en qué evidencia se está basando?”. Un buen comunicador de salud debería poder diferenciar entre una opinión, una experiencia personal y un hecho demostrado científicamente. Debería reconocer las limitaciones de lo que sabemos y, especialmente, evitar convertir una publicación en redes sociales en una consulta médica para miles de desconocidos.
En la actualidad es necesario aprender a desconfiar un poco
Aunque no necesitamos dejar de buscar información médica en internet. Al contrario: una población mejor informada puede tomar mejores decisiones sobre su salud. Pero necesitamos desarrollar algo que probablemente será cada vez más importante: criterio para consumir información médica.
¿Debería tener reglas el contenido médico en redes sociales?
Algunos países ya han empezado a preguntarse si hablar de salud ante millones de personas debería tener reglas diferentes. China exige verificar las credenciales de quienes producen contenido médico profesional en redes. Francia tomó otro camino: restringió la promoción comercial por influenciadores de determinados actos médicos y de cirugía estética. La discusión de fondo es cada vez más relevante: ¿debería una persona sin formación sanitaria poder recomendar tratamientos, interpretar exámenes o aconsejar suspender medicamentos ante una audiencia de millones de personas?
Cómo identificar posibles señales de desinformación médica
Conociendo esta información, procure desconfiar de quien promete curas universales, de quien asegura que un solo alimento explica todos sus síntomas, de quien diagnostica enfermedades a través de una lista de TikTok y, especialmente, de quien identifica un problema para inmediatamente venderle la solución.
También vale la pena desconfiar de las frases que comienzan con “los médicos no quieren que sepas…”. La medicina tiene enormes defectos y todavía tiene muchísimas preguntas sin respuesta. Pero precisamente por eso existe la ciencia: para intentar responderlas con algo más que opiniones. En una época en la que todos podemos tener un micrófono y una audiencia, el número de seguidores nunca debería reemplazar el peso de la evidencia.
Referencias
- Nickel B, Moynihan R, Gram EG, et al. Social Media Posts About Medical Tests With Potential for Overdiagnosis. JAMA Network Open. 2025;8(2):e2461940.
