El presidente electo, Abelardo De La Espriella, acusó al presidente Gustavo Petro y a Iván Cepeda de intentar desconocer el resultado de las elecciones presidenciales y aseguró que el país enfrenta, según sus palabras, un “intento de golpe de Estado”.
En una alocución dirigida a los colombianos, De La Espriella afirmó que Petro habría desconocido su elección y su credencial como presidente electo, mientras que Cepeda, según dijo, estaría llamando a la desobediencia civil para no reconocer la voluntad expresada en las urnas.
“No hay resistencia pacífica cuando se trata de justificar un golpe de Estado”, aseguró el presidente electo, al señalar que su triunfo fue respaldado por casi 13 millones de colombianos.
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De La Espriella sostuvo que el supuesto desconocimiento de su elección haría parte de un “plan B” de Petro y Cepeda para mantenerse en el poder. También afirmó que la narrativa de un presunto fraude sería, en su criterio, una excusa para generar inestabilidad en el país.
En medio de ese pronunciamiento, el presidente electo pidió a la comisión de empalme de su Gobierno, liderada por el vicepresidente electo José Manuel Restrepo, cesar los encuentros con el Gobierno saliente. Según explicó, el empalme deberá continuar por los mecanismos legales y tecnológicos existentes, pero sin reuniones presenciales con una administración que, según él, no reconoce el resultado electoral.
“No se puede hacer empalme con un gobierno que desconoce el triunfo del gobierno entrante”, afirmó.
El mensaje también incluyó un llamado a la comunidad internacional para que se mantenga vigilante y respalde, según dijo, la defensa de la democracia hasta que cese el supuesto intento de desconocer la voluntad popular.
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De La Espriella vinculó su declaración con la conmemoración de los 35 años de la Constitución Política de 1991. Aseguró que el próximo 7 de agosto jurará cumplir y hacer cumplir la Carta Magna, y reiteró que ningún gobernante puede situarse por encima de la Constitución ni poner en entredicho la decisión soberana de los ciudadanos.
Con esta declaración, la tensión política entre el Gobierno saliente y el equipo entrante llegó a uno de sus puntos más altos. El empalme presidencial, que debía avanzar como un proceso técnico de entrega de información, quedó atravesado por acusaciones de golpe de Estado, llamados a organismos internacionales y una disputa directa sobre el reconocimiento del resultado electoral.
