La victoria que no elige a nadie

Abelardo que sabe para dónde va y con quién. Sin populismos. Sin consultaderas.
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KienyKe

A quienes están empeñados en dividir a la derecha, lo ocurrido el domingo pasado podría terminar favoreciéndolos, aunque a primera vista parezca lo contrario. El triunfo pírrico de Paloma Valencia se produjo frente a unos contendientes que ni siquiera hicieron campaña y que se limitaron a disfrutar del cuarto de hora mediático que se les brindó en bandeja de plata para satisfacer sus vanidades y, de paso, intentar convertirse en fórmula de la candidata. Paloma, en cambio, sí contaba con una estructura de partido y realizó una intensa campaña acompañando al jefe de su colectividad por todo el país.

Una campaña orientada más a posicionar su propio nombre que a fortalecer la lista al Congreso. Eso se refleja en los números: obtuvo más votos en la consulta que la propia lista del Centro Democrático al Senado.

Con todo el bombo que le han dado al 45 % con el que Paloma “arrasó” en esa jornada, se olvida un dato elemental: esos 3,2 millones de votos equivalen apenas al 16 % de los casi veinte millones de colombianos que votaron para el Senado. Con semejante proporción, cantar victoria es cuando menos prematuro. Sin embargo, han bastado para acaparar toda la atención y dar por derrotado a Abelardo de la Espriella. Peligrosa deducción, cuando a quienes se enfrentan esos dos candidatos de la oposición es al nefasto gobierno actual con una maquinaria corrupta, que opera desde el mismo Estado, puesta a toda marcha con el fin de mantener en el poder a una izquierda destructora.

El peligro es la ilusión de victoria que pueden producir unos votos que no eligen a nadie. No son más que la ratificación de algo ya sabido, lo que no justifica un gasto brutal para los contribuyentes en una costosa escenificación preelectoral, sino apenas un encuentro alrededor de un cafecito donde se sellara una alianza y unos acuerdos, si es que valía la pena empeñarse. El Centro Democrático se enfrentaba, al fin y al cabo, a unas pulgas electorales.

Lo que queda ahora es la piquiña: los ridículos condicionamientos que ha enarbolado como bandera un oportunista que ya peló el cobre.

Ante esa coyuntura, Abelardo sorprendió de manera muy grata a quienes consideramos que, para sacar al país del letargo, es necesario un gobierno con capacidad de acción y, especialmente, con una voluntad política de extrema coherencia. Lo hizo al anunciar que José Manuel Restrepo será su vicepresidente.

El anuncio ha sido un balde de agua fría para un Cepeda que ya había presentado a Aida Quilcué como su fórmula y para Paloma Valencia, que se encontraba en el absurdo dilema de aceptar o no las ridículas condiciones de Juan Daniel Oviedo, quien —inflado como un sapo— disfruta en su vanidad de una pobre votación de 1,2 millones, equivalente apenas al 5 % de los votos totales.

Van quedando al descubierto, luego de la jornada del 8 de marzo, los vicios politiqueros frente a una candidatura que se ha mostrado coherente y que no pierde el rumbo a pesar de las tormentas. Abelardo de la Espriella tenía decidido quién sería su vicepresidente desde meses atrás, sin que hubiese mediado conversación previa ni encuentros con desayuno incluido con quienes fueron aniquilados en una consulta de tan poca significación.

Lo de Iván Cepeda no vale la pena comentarlo aquí. Baste decir que elegir a quien eligió confirma que Dios los hace y ellos se juntan. Eso demuestra el talante de los aspirantes y el perfil de gobierno que proponen. Imaginen ustedes qué clase de gabinete tendría un Cepeda con sus mañas populistas; o una Paloma con sus consultas.

En contraposición, un Abelardo que sabe para dónde va y con quién. Sin populismos. Sin consultaderas.

Creado Por
Carlos Salas Silva
Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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