Konciencia

Durante aquellos instantes de angustia comprendimos que todo lo que parecía firme, podía cambiar de repente.
Mientras esperabas una vida diferente, quizá no habías comprendido el milagro de seguir estando vivo.
El camino comienza con preguntas sencillas: ¿qué estoy sintiendo? ¿qué necesito? ¿qué estoy soportando por miedo? ¿en qué momento dejé de escucharme?
Sin advertirlo, convertimos a la pareja en refugio, medicina y respuesta para todo aquello que aún no comprendemos de nosotros mismos.
Nos acostumbramos a reaccionar con rapidez, pero cada vez dedicamos menos tiempo a reflexionar.
Poco a poco dejé de buscar una agenda y comencé a encontrar una vida.
Mientras luchamos contra enemigos imaginarios, descuidamos la única batalla que realmente importa: conservar la paz del corazón.
Nos volvimos expertos en funcionar, pero analfabetas en sentir. Y el cuerpo —que no es ingenuo— empieza a hablar.
El amor de Jesús desborda. No es emoción… es decisión. No es apego… es expansión. No es posesión… es entrega.
Hoy me detengo. No por cansancio, sino por claridad. Y me miro, sin juicio… pero sin mentiras.
¿Es posible que los defectos del otro reactiven la máscara con la que oculto los míos?