Cuando algún pariente o amigo le comentaba a mi padre sobre el buen comienzo de un proyecto, un plan de negocios, unos estudios o, simplemente, de unas vacaciones, él respondía con optimismo: «Lo que bien empieza, bien acaba». También acostumbraba citar otro dicho para animar a quien se complacía por un excelente resultado temprano: «El comienzo es la mitad del todo». Vengo a saber ahora que lo primero no era original de mi padre, sino una variación de la expresión inglesa “All's Well That Ends Well”, y que lo segundo se atribuye a Aristóteles.
Pero vayamos al asunto. Se trata del comienzo —o, mejor, del precomienzo— del tiempo del Tigre. Sin haberse posesionado y apenas recibidas las credenciales, anunció la conformación del Grupo Élite Anticorrupción, integrado por más de 1.300 expertos, exfuncionarios y técnicos, distribuidos en 22 mesas técnicas que corresponden a cada uno de los ministerios y a entidades clave como el Departamento Nacional de Planeación.
Sin que haya iniciado la función, podríamos decir que un buen precomienzo es la mitad de la obra. Ocurre como con la segunda parte del Quijote, cuyo prólogo es tan memorable como la propia novela. Pero incluso podemos ir más atrás, porque este precomienzo lleva meses en marcha. Un equipo de más de mil trescientas personas ha trabajado durante cerca de ocho meses en un proyecto concebido para realizar un empalme anticorrupción integral, denominado Arca de Noé.
Según explicó José Manuel Restrepo, quien dirige el Grupo Élite Anticorrupción —creado para supervisar la transición del gobierno y detectar irregularidades administrativas, riesgos para los recursos públicos y contratos o decisiones de última hora que puedan comprometer a la administración entrante—:
«Como su nombre lo indica, se hizo antes de que llegara la tormenta...».
Y todavía podemos retroceder un año más. Fue entonces cuando se conformó el grupo Defensores de la Patria, cuyos objetivos fueron defender la democracia y la Constitución colombiana, oponerse a los abusos de poder y combatir decididamente la corrupción, la marca más oscura del gobierno saliente.
A los gobiernos suele concedérseles un compás de espera de cien días para evaluar si comenzaron bien o mal, pues ese arranque suele marcar el rumbo de los cuatro años siguientes. Algunos se revelan desde el mismo discurso de posesión, cuando las promesas de campaña empiezan a confrontarse con la realidad. Otros necesitan más tiempo para tomar impulso. Lo cierto es que con Abelardo ocurre algo distinto. Apenas recibidas las credenciales, nos enteramos de que llevaba meses trabajando silenciosamente. La reunión en la Universidad Sergio Arboleda con quienes integran el Grupo Élite Anticorrupción ha dejado boquiabierto a más de uno.
Se suele pensar que la conformación del gabinete es el primer momento en que un presidente electo queda al desnudo, despojado ya de los lemas y consignas de campaña. En este caso no parece ser así. Lo primero ha sido restablecer la relación entre las ramas del poder y adelantar un empalme que aspire a dejar al descubierto el mayor número posible de casos de corrupción en ministerios y entidades del Estado.
Lo que deja ver este anticipo de un gobierno que promete marcar un antes y un después es que, con el Tigre, las cosas parecen ser de otro calibre. Que no quedará títere con cabeza y que los procesos llegarán hasta sus últimas consecuencias.
Los dos ministros designados, Rodrigo Lara y Miguel Gómez, por sus reconocidas capacidades, permiten anticipar un gabinete de gran nivel. No tengo dudas de que lo mismo ocurrirá con las demás entidades y cargos del gobierno. Ya no veremos los consejos de ministros del presente e impresentable gobierno —al que, gracias a Dios, le queda apenas un mes—, convertidos en reuniones donde unos ministricos, silenciosos y cabizbajos, escuchan a un mandatario que habla sin ton ni son mientras el país se derrumba.
Según mi padre, cabe esperar que lo que ha comenzado bien tenga también un buen final
Por: Carlos Salas Silva
