Mundial 2026

No perdamos la oportunidad que se nos presenta

La tragedia en Venezuela revela el costo humano de décadas de corrupción, abandono y poder mal ejercido.
Créditos:
KienyKe

En la entrevista que le hice a mi amigo Antonio Nicolás Briceño Braun para este medio, en 2015, él afirmaba que “en 1999 hubo un deslave en la zona del litoral central de Venezuela en el que quedaron sepultadas alrededor de 40.000 personas. 

Esto ocurrió en medio de las elecciones y Chávez dio la orden al Ejército de sacar a la gente del lugar de la tragedia para llevarla a votar, pero no la de salvarla de las inundaciones, de la catástrofe y de la muerte. Los soldados fueron obligados a llevar a la gente a votar en lugares llenos de cadáveres y las elecciones no se suspendieron ante un hecho de tal gravedad, porque no le convenía a Chávez, quien requería que el proceso electoral siguiera su curso, según sus planes, para llegar a una Constituyente con la que haría los cambios necesarios con el fin de tener un control total”.

Veintisiete años después, cuando está colapsando el desastroso socialismo del siglo XXI, vuelve la tragedia a enlutar esa misma región tan sufrida de Venezuela.

Lo que esto nos muestra, de manera aterradora, es cómo los desastres naturales son agravados por la acción de gobernantes corruptos e ineptos para hacer el bien, pero muy dotados para hacer el mal. En una proporción menor podría mencionar la emergencia invernal, pésimamente gestionada por el mejor amigo de Chávez, el traidor a la patria Juan Manuel Santos. Por fortuna, no nos correspondió una tragedia de gran magnitud durante este gobierno que agoniza en medio de patéticos estertores.

Aclaremos un poco el asunto, pues se presta a equívocos. La tragedia del deslave fue de una magnitud similar a la de los terremotos recientes, con la diferencia de que, en la primera, la mano siniestra de Chávez agravó la situación con su afán de implementar una Constituyente que le permitiera erigirse como dictador.

La de ahora se agravó por las acciones del mismo Chávez con su Gran Misión Vivienda Venezuela, lanzada en 2011 para asistir a las decenas de miles de damnificados. Con ese programa se construyeron miles de apartamentos; muchos de ellos se derrumbaron con el terremoto, dejando al descubierto la podredumbre del chavismo. Ciudad Hugo Chávez Frías quedó devastada, con daños en la totalidad de sus construcciones. Lo que hace aún más grave el asunto es que se conocía la precariedad de las estructuras y la pésima calidad de los materiales utilizados.

Esto ocurrió en La Guaira. Para mayor claridad, conviene anotar que esa región del norte de Venezuela se llamaba Vargas. No era propiamente un estado hasta que Maduro, en 2019, la rebautizó como estado La Guaira. Como Vargas sufrió el deslave y como La Guaira el terremoto.

El inicio del chavismo y su final están marcados por el desastre natural y el desastre humano. Uno, inevitable; el otro, no.

Me vienen a la memoria estos dolorosos hechos cuando colapsa ese mismo esquema diabólico que alcanzó a apoderarse de la mayoría de los países de nuestro continente durante tres décadas llenas de oprobio que hoy nos avergüenzan. Petro termina lánguidamente su mandato, que comenzó con alardes de dictador y que aún mantiene en su ciega vanidad, mientras todo a su alrededor se derrumba; no por un terremoto ni por un deslave —Dios nos libre—, sino porque va quedando al descubierto toda la cochinada oculta que, como las caletas del cartel de Diosdado, llenas de dólares, droga y oro, sale a la luz cuando se escarba entre los escombros tratando de salvar a quienes quedaron sepultados allí.

Con el Tigre las cosas son de otro color y no debemos perder esta valiosa y única oportunidad que se nos presenta. Ha comenzado prendiendo motores para llegar a toda potencia el 7 de agosto, día de su posesión. 

Serán cuatro años muy animados en los que veremos resultados muy positivos cada día. Un equipo de gobierno excelente, nada comparable con los tipejos que fungieron como ministros dedicados a la robadera, sino integrado por personas de la talla de Omar Bula, Miguel Gómez y otros de gran altura moral y ejecutiva.

Por: Carlos Salas Silva

Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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