El fútbol, la inesperada ventana de Corea del Norte al mundo

Corea del Norte convirtió el fútbol femenino en un proyecto deportivo que forma campeonas desde niñas y proyecta al país ante una audiencia mundial.
Créditos:
Kienyke IA

Hay países que utilizan el fútbol para acercarse al mundo.

Corea del Norte parece haber encontrado otra fórmula: hacer del fútbol una de sus formas de hacerse visible sin renunciar a su aislamiento.

 ¿Cómo llegó un país tan cerrado a convertirse en una potencia mundial del fútbol femenino?
La respuesta empieza mucho antes de un Mundial.

La ‘fábrica’ empieza desde niñas

Corea del Norte comenzó a desarrollar de manera sistemática el fútbol femenino desde los años 80. El Estado impulsó equipos, centros de formación y mecanismos para detectar talento desde edades tempranas.

Las futbolistas no llegan juntas a un Mundial por casualidad. Muchas comienzan a jugar desde niñas y atraviesan diferentes categorías dentro de una misma estructura.

La lógica es sencilla: encontrar talento temprano, formarlo durante años y conseguir que una generación alimente a la siguiente.

Los resultados dejaron de parecer una casualidad: desde 2006, Corea del Norte ha ganado siete Mundiales femeninos entre las categorías Sub-17 y Sub-20. En 2024, en Colombia, ganó los siete partidos que disputó y levantó el título Sub-20. Este domingo, ante Italia, disputará una nueva final.

Ya no parece una generación dorada. Parece un sistema.

Ganar también se construye

El fútbol norcoreano tiene una identidad reconocible: intensidad, presión, velocidad y coordinación.

Hay formación, competencia y una idea futbolística que se transmite entre generaciones.

El proyecto no solamente busca ganar.

Busca que las siguientes también puedan ganar.

Cuando el deporte se convierte en símbolo

En Corea del Norte, el deporte tiene una dimensión que va más allá de la competencia. Las propias futbolistas han hablado de representar y honrar a su país.

Por eso cada victoria adquiere otro significado.

Un título internacional no es solamente un trofeo. Es una oportunidad para mostrar una imagen de capacidad, disciplina y orgullo nacional.

El fútbol, además, ofrece algo que pocos escenarios pueden ofrecer con tanta fuerza: una audiencia mundial.
Durante 90 minutos, el país deja de ser una abstracción geopolítica y se convierte en una selección.

La paradoja del fútbol norcoreano

Ahí está la contradicción que hace particular esta historia.

Corea del Norte construyó una de sus mayores vitrinas internacionales alrededor de un deporte que, por definición, no conoce fronteras.

Sus jugadoras compiten contra algunas de las mejores selecciones del planeta y llevan consigo una bandera que difícilmente tendría la misma visibilidad fuera de una cancha.

Quizás por eso el fútbol femenino ocupa un lugar tan particular dentro del proyecto deportivo norcoreano.
No se trata solamente de formar campeonas. Se trata de construir una identidad que pueda viajar con ellas.

Y mientras el mundo intenta entender a Corea del Norte desde sus fronteras, su selección encontró otra manera de atravesarlas.

Con una pelota, once jugadoras y 90 minutos.

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