A veces, una recuperación también necesita esperanza. Ese fue el regalo que recibió Lucas Murillo, el niño de siete años que conmovió a Colombia con su lucha contra una cardiopatía congénita y que hoy continúa su tratamiento en la Fundación Cardiovascular de Colombia, en Santander.
Esta vez, la noticia no llegó en forma de un procedimiento médico ni de una autorización. Llegó en la voz de su ídolo: Luis Díaz.
La sorpresa fue posible gracias a la gestión de la primera dama Ana Lucía Pineda, quien, junto a organizaciones sociales, conoció el sueño del pequeño de convertirse en futbolista y logró que el delantero de la Selección Colombia le enviara un mensaje especialmente para él.
- Le puede interesar: 'Lucho' Díaz y su esposa se movilizan para llevar ayudas a los afectados por el terremoto
Un saludo que emocionó al país
Desde su habitación en el hospital, Lucas observó atentamente el video enviado por Luis Díaz. El futbolista le deseó una pronta recuperación y le envió un abrazo para él y toda su familia.
La reacción del niño quedó registrada en video: sonrió, escuchó cada palabra con atención y, al terminar, respondió con un mensaje que emocionó a quienes lo acompañaban.
Además, el pequeño aprovechó para agradecer a la primera dama y a quienes han acompañado su proceso durante las últimas semanas.
La batalla de Lucas continúa
Lucas nació con síndrome de corazón izquierdo hipoplásico, una de las cardiopatías congénitas más complejas. A sus siete años ha enfrentado 19 cirugías, tres de ellas a corazón abierto, y recientemente fue trasladado desde Cúcuta en un avión medicalizado para continuar su atención especializada en Santander.
Su historia movilizó a miles de colombianos después de que pidiera ayuda para acceder a los exámenes que necesitaba. Desde entonces, su caso recibió el respaldo de distintas entidades y hoy sigue avanzando de la mano del equipo médico que lo atiende.
- Le puede interesar: Lucas, el niño de 7 años que pide ayuda para un trasplante de corazón
Más que un mensaje
Mientras continúa su tratamiento, Lucas recibió un impulso difícil de medir en cifras: la posibilidad de escuchar directamente a quien admira desde hace años. Un gesto sencillo que convirtió por unos minutos una habitación de hospital en el escenario de uno de los sueños más grandes de un niño que no deja de luchar.
